Crisis Económica al alcance de todos
En la actualidad, el mundo se encuentra sumido en una profunda y dolorosa crisis. Esta crisis, conocida como la Crisis Económica, ha ocupado portadas de diarios, bloques en noticieros y debates en las aulas. Si a pesar de este bombardeo informativo no entiendes bien cómo llegamos a esta crisis ni las consecuencias que esta crisis tiene en tu vida cotidiana, ésta es tu oportunidad para finalmente comprender, con poco lenguaje técnico, los aspectos más relevantes de la crisis.
Antecedentes
En 2006, EEUU gozaba de excelentes condiciones macroeconómicas: tasas de interés bajas, competencia agresiva en el mercado de créditos hipotecarios, acompañado de un bajo desempleo y salarios altos. A la vez, desde el año 2001, tras los atentados del 11 de septiembre, y para estimular el crecimiento del mercado inmobiliario, EEUU fue relajando sus políticas de crédito hipotecario: se pedían garantías más bajas, menos ahorro previo y se pagaba a tasas de interés que partían bajas pero iban creciendo en el tiempo.
Como era de esperarse, la gente comenzó a invertir en viviendas ayudada por créditos hipotecarios muy fáciles de obtener. De economía deberíamos saber que, mientras más desee la gente un bien —mayor demanda—, su precio aumentará porque los bienes son escasos y sólo los que están dispuestos a pagar más por él alcanzarán a comprarlo. Debido a esto, el precio de las casas comenzó a crecer ante la mayor demanda, pero como los créditos eran muy generosos, las personas no tenían problemas para financiar la adquisición de sus inmuebles. A la vez, muchos inversionistas vivos compraban casas para venderlas más adelante, sabiendo que el precio seguiría subiendo y así quedarse con el diferencial. El problema es que el precio crecía, pero la demanda no declinaba, lo que llevaba al precio a seguir creciendo desmesuradamente, no porque las casas fueran muy pulentas, sino que por anomalías de un mercado poco regulado. A esto, en Finanzas, se le llama burbuja especulativa.
Las instituciones financieras dieron crédito a Pedro, a Juan y a Diego —o en este caso, a Peter, a Johny a… ¿Brian?— aún si estos no eran individuos solventes con capacidad de pago de la deuda que acababan de adquirir. A estos créditos entregados a individuos con poca capacidad de pago se le llamaban Subprime para diferenciarlos de los Prime, que sí eran solventes.
Incubando la crisis
Como muchos han de saber, en este mundo prácticamente todo se puede vender. Más de alguno debe haberlo experimentado en algún momento en el que necesitaba plata. Esto no es exclusivo de las personas, las instituciones financieras venden hasta las deudas que personas tienen con ellos. En aquellos tiempos, la llamada Ingeniería Financiera se encargó de armar paquetes de deudas que incluían deudores Prime y Subprime, cuyo respaldo eran las hipotecas de las casas —que estaban sobrevaluadas—, y las instituciones financieras se lanzaron a vender estos paquetes o, mejor dicho, bonos al mercado.
Los inversionistas alrededor del mundo invirtieron en estos bonos creyendo en el respaldo que estos tenían y sin investigar más allá sobre la composición de estos paquetes, ya que las instituciones que emitían los bonos contaban con un rating de riesgo excesivamente favorable. Pasado un tiempo, muchos inversionistas en todo el planeta tenían entre sus activos estos bonos tóxicos.
Crisis Subprime
Los problemas comenzaron cuando la creciente inflación de EEUU hizo que la Reserva Federal aumentara sucesivamente la Tasa de Política Monetaria, arrastrando a todas las tasas de interés consigo, lo que hizo más caro endeudarse y logró hacer caer la demanda por viviendas. La caída de la demanda, como varios deben haber adivinado, hizo caer brutalmente los precios de las casas. Aquellos que habían pedido créditos hipotecarios se veían en una situación extraña: enfrentaban una altísima tasa de interés —recuerden que la tasa de interés a la que se endeudaban era creciente— y más encima por una casa que valía muchísimo menos que el valor por el que la habían comprado. Así, ya sea porque no podían o porque no querían, los deudores hipotecarios ya no pagaban sus deudas.
Esto hizo que el valor de los bonos que estaban respaldados con las hipotecas de estas casas y que estaban en manos de los inversionistas internacionales se viniera al piso. Esto se conoce como el estallido de la burbuja especulativa.
La alarma de crisis vino de Francia. El 9 de agosto de 2007, el conocido banco BNP Paribas decidió congelar 2.200 millones de dólares de tres fondos expuestos a instrumentos Subprime, ya que no podía calcular su valor real al no existir un precio de referencia de las casas tras el estallido de la burbuja especulativa. En palabras simples, esto quiere decir que como el valor de esos bonos cambiaba tan bruscamente en cortos períodos de tiempo, no podían saber a ciencia cierta cuál era su valor real y decidieron no contar con ellos hasta poder calcular su verdadero valor. Esto desata el pánico en los mercados y se declara formalmente el inicio de la Crisis Subprime.
Inmediatamente después, se creyó que el problema era que a los bancos comerciales les faltaba liquidez —dinero en efectivo y activos liquidables en el cortísimo plazo—, así que en acciones coordinadas, el Banco Central Europeo, el Banco Central de Japón, el Banco Central de Canadá y la Reserva Federal estadounidense acudieron al rescate del sistema financiero entregándoles dinero —a lo que se le llama inyecciones de liquidez— para evitar una corrida bancaria, que es cuando un banco no tiene dinero líquido para cumplir sus obligaciones. Sin embargo, estas medidas sólo fueron un parche y no lograron detener la Crisis que agarraba cada vez más fuerza.
Uno a uno, bancos en todo el globo empiezan a pedir rescates a los Bancos Centrales ya que la desconfianza del público en el sistema bancario hizo que se formaran colas en los bancos de gente que intentaba rescatar sus ahorros antes de que los bancos quiebren.
Crisis Financiera
Los efectos de esta crisis dejan de ser un fenómeno solamente monetario —inflación y tasas de interés nominales— y comienzan a hacerse sentir en la economía real —empleo, tasas de interés reales y producto interno bruto—, llevando a EEUU a una recesión económica y avisando que pronto la crisis llegará a Asia y Latinoamérica. Los rescates continúan, en Marzo de 2008 el afortunado fue el Bear Sterns y en julio del mismo año Fannie Mae y Freddie Mac también fueron salvados, pero el 15 de septiembre de 2008, Lehmann Brothers, el cuarto banco de inversión más grande de EEUU, se declara en quiebra, en lo que se conoce como el inicio de la Crisis Financiera.
Alrededor del mundo, los gobiernos nacionalizaron bancos, y también continuaron los rescates, liquidaciones y quiebras. El pésimo estado del sistema bancario se tradujo en una carencia de crédito tanto para empresas como para las personas, lo que afectó profundamente a la economía global. Además, se observó un alza sostenida del precio de las materias primas y los alimentos, lo que hizo que poderosas economías cayeran en recesión: la llegada de la crisis a Asia y América Latina era inminente.
Las acciones suben y bajan de precio muy rápido ante cualquier noticia o rumor, lo que es signo de desconfianza de los inversores ante la incertidumbre sobre lo que será el futuro de la economía. Esta desconfianza se ha extendido a los consumidores, lo que ha golpeado fuertemente a los minoristas. Para más remate, el dólar perdió valor, haciendo que grandes instituciones —Ford, GM y Chrysler, por ejemplo— caminen por el filo del abismo de la quiebra.
Crisis Económica
La Crisis Financiera trajo volatilidad en los mercados financieros y desconfianza a los inversionistas y al público general. Y no crea que eso es todo… hay más, aún.
Debido a diversos factores como malas cosechas, el alza de los precios de los combustibles que aumentó los costos de transporte, el crecimiento de la población y sus cambios en los hábitos alimenticios, y la mismísima Crisis Financiera, entre otros, se desató una Crisis Alimentaria a nivel mundial que ha llevado a un crecimiento constante de los precios de los alimentos en todo el planeta, afectando de sobremanera a los países más pobres.
Para seguir sumando, las materias primas y los combustibles también experimentaron un alza importante en sus precios, desembocando en un alza generalizada de la inflación mundial.
A esta suma de desafortunadas situaciones se le llama Crisis Económica Mundial y es lo que nos afecta por estos días.
Esta Crisis Económica ha hecho caer a muchos países, ricos y pobres, en dolorosas recesiones —alto desempleo y bajo crecimiento— que hacen que no sólo los inversionistas sufran, sino que las personas comunes y corrientes como nosotros suframos los embates de esta crisis.
¿Y qué tiene que ver con Chile?
Nuestro país no está fuera de la crisis. No estamos tan mal como otros países —como EEUU o España, por ejemplo— gracias, en parte, a un gobierno responsable a la hora de gastar y ahorrar, y también a que nuestros bancos no estuvieron involucrados con bonos tóxicos. Sin embargo, los efectos de la crisis igual se están dejando sentir en nuestra larga y delgada faja de tierra.
Los altos precios de los alimentos a nivel mundial hacen más cara la vida para las personas. Además, los crecientes precios de las materias primas —por ejemplo, los combustibles—, las dificultades para obtener créditos, y las altas tasas de interés para los que alcanzan a obtener uno hacen que tanto personas como empresas deban apretarse el cinturón. Proyectos de inversión son postergados y hasta cancelados ante la incertidumbre y las dificultades para obtener financiamiento. Todo esto trae como consecuencia que tanto el desempleo como la inflación —los precios— crecerán.
Nuestro gobierno anunció un paquete de medidas en enero de 2009 para contrarrestar los nocivos efectos reales —efectos en desempleo y crecimiento— de la crisis. Además, el Banco Central controló la inflación mediante una Tasa de Política Monetaria alta, lo que hasta el momento ha tenido resultados positivos y ahora la ha ido bajando violentamente para que los Bancos acompañen esta bajada con sus propias tasas de interés, facilitando el acceso al crédito y reactivando la economía, lo que debería generar crecimiento y también empleo, pero si lo del crecimiento se ve complicado, lo del desempleo se ve aún peor. Dadas estas proyecciones, Bachelet decidió lanzar un segundo paquete de medidas a finales de marzo de 2009, cuyo objetivo es mejorar el acceso al crédito, en especial para las PyMES, para que cuando enfrenten problemas puedan endeudarse en vez de tener que despedir gente o cerrar.
Las cartas están jugadas y sólo queda esperar el efecto de estos paquetes de medidas en la economía nacional…
Fotografía: May-Lin Tay.
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