Todo Comenzó En (La) República
No hay barrio como República, sacro templo urbano del saber; jardín en el que día a día vemos a esforzados jóvenes cargados de libros, doctrina y sueños, ¡dignos faros en la tormenta de la ignorancia contemporánea! Es en este señorial barrio donde construyen sus vidas, donde dan lo máximo de si mismos, donde sus esfuerzos son recompensados, tanto como con el usual 7.0 como con la chela del viernes después de la prueba.
“Cerveza, cerveza y más cerveza”, es uno de los puntos definitorios de mi muy querido Barrio República; porque claro, “allí donde se halle el joven esforzado, allí estará esperándolo la cerveza fría”. Para un moralista esto podría significar algo así como el acabose en cuanto a rebeldía juvenil, mal que mal es un barrio histórico, una joya arquitectónica del siglo XIX fruto de, en su mayoría, la bonanza de la minería. Podemos encontrar entre sus calles las mansiones de las familias más influyentes de Chile tales como los Cousiño, Errázuriz, Irarrázaval, etc. Es en esas otrora rancias casas donde podemos encontrar la más diversa ebullición cultural. Partamos por Blanco Encalada.
En el deslinde del barrio “Top” de la época, nos encontraremos con el recinto que contenía —y aún lo hace— uno de los pasatiempos más lujosos de aquellos tiempos: la hípica. El Club Hípico de Santiago, fundado en 1869, es una experiencia visual en sí misma. Su edificio principal, jardines, gradas, piletas, glorietas y salones fueron inspirados por el hipódromo francés de Longchamp. En especial su edificio principal —con su estructura de hormigón armado y sus ventanales de cristal y hierro— es un verdadero hito en la arquitectura Chilena, lo que lo llevó a ser declarado monumento histórico en el año 1972.
Disfruten sentarse y esquizofrenizar. Siéntanse como un Cousiño del siglo XIX caminando con su traje —bastón y bigote incluidos—, viendo a las señoras con sus sombrillas, a los jinetes con su metro y medio (¿no se les ha ocurrido que alguno de ellos lleva el anillo único?); escuchen la música orquestal saliendo de la concha acústica. Si de tanta visión esquizofrénica sienten que en cualquier momento irán del psiquiátrico a llevárselos, pueden simplemente comprarse un mote con huesillo y ver alguna carrera.
Entrando por República necesitamos hacer un acto de fe estética. Tal y como cuando vamos a Valparaíso y tratamos de no percibir el aroma a caca de perro y orina de gato, en República necesitamos hacer caso omiso de uno que otro edificio desubicado y una que otra facultad horrible —sobre todo las de la UNAB que son reales adefesios—. Una vez hecho el ejercicio podremos disfrutar de las casas con sus arcos, sus capiteles esculpidos, las escaleras de mármol, las rejas de fierro forjado. Es realmente tranquilizante realizar una caminata otoñal por esa calle, alfombrada de hojas secas de los muy alergénicos plátanos orientales.
Ahora bien, no todo es arquitectura, desgraciadamente. También hay algunos panoramas: el “Museo Solidario Salvador Allende” (República 475) tiene siempre alguna colección interesante, sobre todo en cuanto a pintura. Casi enfrente del museo está la siempre semi-desalojada casa okupa “Aki” (República 550), un centro artístico cultural que se ha vuelto clásico en el barrio. Valen la pena sus talleres artísticos tales como; teatro, danza, malabarismo, etc.
Bajando, siempre por república, nos encontraremos con el “Gran Circo Teatro”, una de las últimas adquisiciones del barrio, ubicado en la muy famosa “Casa Embrujada” —con fantasmas revolucionarios, calabozos del gobierno militar, monja sin cabeza y todo— de República con Grajales. Tienen talleres de teatro, tela, malabarismo e incluso cursos de trapecio.
Ahora que ya se culturizaron un poco, hablemos de lo que les importa: República es uno de los barrios con más cervecerías de Santiago. No estoy diciendo que sean los mejores locales ni que tengan la mejor cerveza, sólo digo que son muchísimas y siempre están llenas sin importar el día o la hora.
En lo personal, llevo 16 años estudiando en el barrio (desde primero básico), por lo que fue en él donde me inicie en el carrete estudiantil. Algunos tips que he aprendido son:
- Llegar temprano, tipo 3 o 4, para tomar alguna mesa.
- Haber comido antes un completo gigante.
- NUNCA quedarse hasta tarde, pues uno se arriesga no solo al robo y las peleas de curados, sino también existe la gran posibilidad de salir en la portada del diario o en algún reportaje.
- Por último, lo más importante: sólo cervezas y a veces terremoto… cualquier otro tipo de trago NO es una opción.
Como dije, la oferta es enorme: el “Cerveza”, “Rapanui”, “Makalu”, “Cazador”, “Bar de Moe”, “Cubil”, entre tantos otros. No existe mucha diferencia entre ellos. El que mas se aleja es el “Rapanui”. Ubicado en Avenida España, es un verdadero sitio histórico. ¿Quién no ha carreteado en el Rapa? Han sido generaciones y generaciones de estudiantes deseosos de emborracharse y dispuestos a desnudarse, porque si algo hay en el Rapa que lo hace distinto de los demás es que siempre hay show, minas en topless, tipos en calzoncillos, una que otra performance demasiado hot… Cualquier cosa vale la pena con tal que te regalen más cerveza. Personalmente, ya pasé mi época de “Rapa”, así que prefiero los otros que son más tranquilos… entendiendo la noción de tranquilidad del barrio.
Algo así es el barrio, una mezcla obligada entre lo moderno y lo viejo, a veces descuidado y prostituido pero definitivamente encantador. Atrévanse a observarlo, analícenlo y conózcanlo porque el que no conoce República… es una mamá con chalas.
Foto: kurotashiO! (cc)
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