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31 Enero 2012 – 01:08 | Sin comentarios

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Reflexión respecto al Transantiago

Publicado por en 23 Agosto 2009 – 12:00Sin comentarios

Reflexión respecto al Transantiago

Según un estudio de la Universidad Bernardo O’Higgins, la evasión promedio en el Transantiago ha descendido desde un 11% en octubre de 2008 a un 9% en mayo de 2009. La evasión fue entendida como un método de protesta por los medios de comunicación y al parecer esta viene bajando gracias a las mejoras percibidas por la gente, que se traducen en una mejor evaluación del servicio. La tendencia es alentadora pero… ¿es suficiente?

Siempre que me subo a una micro, hago el ejercicio de contar las personas que se suben y los bip! que suenan. Es decepcionante. Quizás se debe a la comuna donde vivo, ya que Maipú es una de las comunas con mayor evasión según este estudio, pero al parecer en otros lados la cosa no dista mucho de esta realidad.

La verdad es que no conozco cifras de evasión con el sistema antiguo, pero lo que sí sé es que cuando el chofer abría las puertas de atrás, la gente pasaba su dinero de mano en mano hasta hacérselo llegar al conductor y el conductor entregaba el boleto recorriendo el camino inverso. Eso no sucede ahora. La gente se sube por puertas traseras y se hacen los lesos, se instalan cómodos… y hasta incluso exigen el asiento a escolares que sí pagaron su pasaje.

Dicen que lo hacen por protesta, aprovechando la falta de control y el anonimato de esta práctica. Que la calidad del viaje ha disminuido a niveles infrahumanos, que el tiempo de viaje y las frecuencias son inaceptables, que es imposible alcanzar el validador cuando se va colgando en la puerta, etcétera. La idea de esta protesta es volver inviable el sistema y producir tantas pérdidas al Transantiago que se termine volviendo a las antiguas micros amarillas. Les mostraré un par de conclusiones que he sacado respecto de esta práctica.

  • Primero, la idea de fondo con la evasión es “hacer perder dinero a los empresarios del Transantiago” —aquí no contamos a los que simplemente son descarados o flaites— y, como tal, ese propósito difícilmente se cumplirá. Cada vez que el Transantiago incurre en pérdidas, el Gobierno subsidia el sistema y los empresarios no pierden ni un peso. Si le da una vuelta adicional, podría preguntarse de dónde saca plata el Gobierno: claramente no imprime el dinero, porque eso lo hace el Banco Central; el dinero lo obtiene de los impuestos que cobra, es decir, nosotros mismos subsidiamos el Transantiago. Ahora, si vamos un poco más lejos, podemos darnos cuenta de que el presupuesto fiscal no es ilimitado y que subsidiar el Transantiago es dejar de subsidiar otras cosas —salud, educación, ayuda social, la Kristel Köbrich, etcétera—, es decir, una parte de la sociedad sale perdiendo por culpa de la “protesta” de otros. Notemos que esto le duele más a la gente de escasos recursos.
  • No pagar en el Transantiago es robar, con todas sus letras. Si lo anterior no te convenció y estás empecinado en que el Transantiago debe tener pérdidas, debes ser consecuente: Sustitúyelo. Ándate en bici, en taxi, a pata, págale la mitad de la bencina a un amigo, etcétera, pero no puedes decir que el Transantiago debe morir y subirte a él sin pagar. La primera consecuencia de esto sería que las micros no andarían tan llenas —con un 9% menos de pasajeros andaríamos todos los que pagamos mucho más cómodos— y la calidad del servicio mejoraría bastante.
  • Finalmente, un poco de matemáticas. Supongamos el caso de una persona que todos los días toma una micro de ida y una micro de vuelta, pero no paga su pasaje. Esta persona, al cabo de un mes, se habrá ahorrado $24.000. Alguien me dirá que 24 lucas es poco y que hay gente que roba mucho más, pero la verdad es que 24 mil pesos es harta plata. Según la metodología de la Encuesta CASEN 2006 (p. 59), con un ingreso mensual de $23.550 una persona deja de ser indigente porque puede satisfacer sus necesidades alimentarias. Buscándole la quinta pata al gato, podríamos decir que por cada mes que una persona evade, el Gobierno tiene que dejar de gastar en, por ejemplo, ayuda social que alcanzaría para que un indigente deje de serlo, y meter ese dinero al Transantiago. Ahora hagan el ejercicio mental de agregar varios meses y varias personas.

Por todas estas razones es que considero que la protesta mediante la evasión del pasaje en el Transantiago carece tanto de lógica como de valores. Afortunadamente, es una práctica que va en retroceso. Sin embargo, personalmente creo que no es suficiente conformarse con un 9% de evasión, no sólo por las pérdidas económicas que vienen de esto, sino que también por lo preocupante que resulta que un 9% de la población capitalina robe. Sí, robe.

Fotografía: (cc) Flickr: action datsun (link)

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