Megamix
Soy un agradecido de los músicos callejeros. Siempre que puedo les doy una moneda. Me gustan los cambios que les hacen a las “versiones originales” de las canciones, convirtiéndolas en versiones propias. Siempre que sube un tipo con una guitarra, uno puede ver su cara y con un buen nivel de confianza estimar las canciones que va a cantar… Ése era mi caso hasta antes de ayer.
En el paradero de la Plaza de Maipú, a la hora de almuerzo, una masa de gente espera la dichosa micro que la lleva hasta el centro. Llama la atención un joven que con mucha alegría le toca una canción acompañado de su guitarra a un caballero minusválido, mientras sus dos amigos miran emocionados la cara de alegría del que escuchaba.
Llega la 413 y me subo apurado, me toca un ramo con asistencia y no quiero faltar. Me acomodo en la guata de la cuncuna y detrás de mí se sube el cantante junto a sus amigos. Guitarra en mano se dispone a interrumpir nuestro viaje, mientras yo miro su cara y digo para mí: “Algo revolucionario“. El cantante escapa a mi predicción y comienza con una estrofa de “Los Momentos“, de Gatti, para luego continuar con una de “Puerto Montt“.
De repente, un ruidoso ataque de tos —fingido, claramente— despertó la atención y atrajo las miradas de una micro repleta. Un grito agudo —como los de nuestro Editor General— declaraba el comienzo de algo que difícilmente olvidaremos: “¡¡Megamix megamiiiiix!!“. “Si no tengo tu amor” de Factoría, seguido de Los Prisioneros, dieron comienzo a la mezcla musical callejera más extraña que he visto en mi vida. Canciones del Team Mekano, románticas de ayer y hoy, axé, reggaetón, “Muévame el pollo” del Epidemia, “La batidora” de Azul Azul, intercaladas de manera que los pasajeros más que bailar, se reían, miraban espectantes y se sorprendían con cada cambio brusco de canción que el cantante callejero hacía.
Sus amigos perdieron la vergüenza y se soltaron cuando llegó Locomía, corearon el “Osito Gominola” y cantaron con vergüenza un par de canciones de Miranda. El cantante, en tanto, cantaba, saltaba y bailaba lo que tocaba, con miradas sensuales a hombres y mujeres que no se decidían entre mirarlo feo o reirse y participar de la broma, todo esto al ritmo de Tarkán.
Fueron cerca de 20 minutos de miradas extrañas y risas, mientras la 413 recorría Pajaritos. El cantante agradeció la paciencia y la participación. Pasó a la fase machetera con la frase “Una cooperación para ‘Un trolo para Chile’, por favor“, donde, como ustedes esperan, le fue excelente. Sus amigos sorprendidos por la actuación del artista se apresuraron a felicitarlo y a preguntarle por su vida sobre este escenario móvil. Escuché cuánto pude, pero llegó la hora de bajarme, así que quedé con la historia inconclusa, pero con una gran sonrisa y una anécdota que contar.
Fotografía: (cc) Flickr: Surizar (link)
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