Teatro tan chileno como la feria
La compañía de teatro Los Mendicantes se tomó la Plaza de Armas el pasado viernes 28 de agosto con su espectáculo “La Feria Ambulante”. La presentación sorprendió a más de quinientas personas y restó audiencia a los comediantes y estatuas humanas que han hecho de la plaza su propio escenario.
—Con nuestro sistema de estudios telepáticos hemos concluido que lo que más preocupa a la gente es la delincuencia —persuade a la multitud “el candidato”, uno de los personajes de “La Feria Ambulante”—. Y una de las causas de la delincuencia es… ¡La feria! Si votan por mí —ahora dirigiéndose al resto del elenco—, todo esto terminará.
En seguida los ferianos, compuestos por un grupo dramático de alrededor de veinte actores, se lanzan contra él armados con vegetales. El candidato no tiene más alternativa que escapar y desistir de su idea.
La anterior es una de las escenas de “La Feria Ambulante”, un montaje de teatro callejero realizado por la compañía “Los Mendicantes” en la Plaza de Armas. El viernes 28 de agosto, a eso de las seis de la tarde, una camioneta azul muy vieja —su patente comienza con CA—, de esas típicas de feria, entra por Compañía hacia la Plaza de Armas. La camioneta está cargada con limones, coliflores, zanahorias, papas, betarragas, brócoli y entre los vegetales una banda de rock compuesta por batería, bajo, guitarra, teclado, saxofón y voz.
Al llegar a Estado la camioneta gira a la izquierda y para. Los músicos tocan. Y tocan. Y tocan. En realidad esperan. Aún no llega el elenco de la obra, por lo que los músicos entretienen a la multitud con un funk que hace a la gente esperar al menos con ritmo. Al cabo de un par de minutos llegan unas veinte personas enmascaradas, armadas con botellas y baldes, vestidas con ropas de muchos colores, que danzan y cantan al ritmo de la banda sobre la camioneta. La gente se acerca al escenario que es la calle y extiende sus manos para tocar a los actores, les saca fotos, se retrata con ellos y algunos hasta entran improvisadamente a bailar. La feria se toma la Plaza de Armas, la gente y las calles.
—¡Mira, mira! Están tocando con una teterita de té —señala una madre a su hijo de unos diez años.
—¡Sí! Y allá hay otra con un rallador —responde el niño entre carcajadas.
El espectáculo llama la atención por su movilidad: nunca pasa más de un par de minutos sin que la camioneta con los músicos se mueva. La gente debe seguir el espectáculo, que avanza por Estado y vira otra vez a la izquierda, tomando Catedral.
Ahora es cuando el candidato hace su aparición: un actor muy engominado, con el pelo hacia atrás y una sonrisa exagerada, vestido de terno y lanzando billetes con su efigie tanto al resto del elenco como al público. La gente ríe con la caricatura y él insiste con que la feria es la caja de Pandora.
—Voten por mí, ciudadanos, y la vida será mejor —grita el candidato mientras sonríe más que nunca.
Las pifias se oyen desde todos lados y al son de la cueca los ferianos expulsan al intruso. La gente aplaude y al son de la cueca todos celebran. La gente hasta canta: “lentejas para las viejas, limones para los señores, papas para las nanas y cerezas para las princesas”.
El espectáculo es intenso, aunque no muy largo: aproximadamente cuarenta y cinco minutos desde que empezara la marcha hasta que los ferianos defendieran lo suyo con lo suyo. El último pie de cueca funky se oye y como buena feria, es hora de desmantelar. Los vegetales sobrantes son regalados y la camioneta sigue su marcha hacia otro lugar, trashumante como los gitanos, donde la feria sea bienvenida.
Foto: DILO.cl
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