Los frutos del verano
Estar de cumpleaños por estas fechas es mucho más que una coincidencia. Sin apelar a la estadística dura, debe ser una de las épocas del año con más nacimientos. Aunque a muchos a veces se les olvide, sus padres también fueron jóvenes, tuvieron sus momentos de locura, carretes y desenfreno. Y claro, entender el auge demográfico de esos tiempos es tan simple como calcular que nueve meses antes de noviembre estuvo febrero.
Los veraneos suelen formar ambientes propicios para el romance. Conocer a alguien en una ciudad lejana, sin la seguridad de que lo volverás a ver, es una tentación grande a la hora de tomar la iniciativa: ahora o nunca. Si agregamos el calor propio de la estación, que a ratos hace perder la cabeza, los estribos y hasta la virginidad, el resultado es una bomba de óvulos y espermatozoides danzantes, disfrutando el génesis en la tranquilidad de la orilla marina.
Al considerar la época en que fuimos concebidos, por allá por la segunda mitad de los años ’80 en adelante, es fácil entender un montón de cosas relacionadas con el boom de nacimientos:
- Las familias chilenas tuvieron una mejor situación económica que a principios de la década, lo que les permitió veranear a una escala que incluso hoy es considerable.
- En vacaciones la gente tiene mucho más tiempo libre.
- La dictadura expiraba y con su declive vino una apertura moral inédita. Desde el momento en que se pudo empezar a decir lo que se pensaba, vinieron también actos que rompieron la lógica católica-recatada que intentaba imperar en el país, favoreciendo los romances estivales.
- Con esta revolución sexual, por llamarla de alguna forma, el resto de Chile no avanzó a la par. No había educación sobre métodos anticonceptivos, las relaciones sexuales eran un tema absolutamente tabú y los jóvenes tuvieron que aprender yendo a la guerra. No les quedó otra.
Así fue como un día el Chile que recibía a Juan Pablo II se empezó a hinchar. Le creció guatita. Era un Chile joven, mamá quinceañera, que temía por lo que papá fuera a decir. El verano pasó, la niña entró al colegio y antes de que terminara el año escolar… ¡pum! La cigüeña dejó una guagüita que traía una marraqueta debajo del brazo. Lo bueno es que a papá se le esfumó el enojo apenas vio a esta cosita.
Por supuesto que no todos los nacimientos fueron adolescentes ni de madres solteras, eso es solo para ilustrar. Mucha gente nació calculada con ábaco, casi. Pero sin importar la edad de nuestros padres ni la situación en que fuimos concebidos, cabe tener presente que si nuestro cumpleaños está entre octubre y diciembre, lo más probable es que seamos frutos del verano.
Foto: !!sahrizvi!! (cc)
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