¿Qué te pasó, Facebook?

¿Qué te pasó, Facebook?

Cada día me meto menos a Facebook. Si antes lo consideraba una poderosa herramienta para la comunicación por Internet, mucho más completa que un Fotolog, un Myspace o cualquiera de esas comunidades del tipo “buscopareja/amigos/alguienquemeescuche”, al día de hoy el ingenioso invento de Mark Zuckerberg se ha transformado en un verdadero cacho cibernético que evito cada vez más.

Nunca he sido muy asidua a las comunidades masivas por Internet. La llamada web 2.0 me asquea por su contenido visible por todos y prostituido a más no poder: Fotologs llenos de adolescentes pokemonas subiendo fotos iguales y pidiendo “agrega Efez y te devuelvo tres post, no soy de kartón”; twitteros pidiendo desesperadamente seguidores para sus pensamientos pop-up y sitios de juegos online donde las gringas pacatas se acalaroran y arman un boche porque algún atrevido miembro les dijo “fuck you”. Qué horror.

Facebook no hizo su excepción. Todos mis amigos comentaban sus quizzes en los que les aparecían resultados tan impresionantes como que eran la pierna derecha de Hans Pozo y hablaban de cuánto les había costado comprar a Juanito Pérez en Friends For Sale, lo que me pareció una pérdida de tiempo más en la parrilla cibernética. Pero poco a poco la presión social me ganó: si no tenía mi nombre, apellido y mail en aquél sitio simplemente era nadie. La curiosidad y la exclusión triunfaron.

Y misteriosamente me gustó. Más allá de la inimaginable cantidad de distracciones que pudiese encontrar, el relacionarme nuevamente con gente perdida en el tiempo y el espacio me atrajo. Fue agradable contactarme con mi propio nombre y un click con personas que por diversos motivos desapareció de mi vida, además de poder mantener una relación más directa con mi mundo: si no tengo el celular de mi amigui para invitarla a una junta, hago un evento con todos los bombos y platillos. Me ahorro la paja de mandarles a todos por separado las fotos que saqué del carrete del día anterior, sólo las publico. Maravilloso.

También esta herramienta ha servido para unir intereses comunes y promover causas. Hace un año, Metro de Santiago acogió la propuesta de sus usuarios e instaló estacionamientos para bicicletas en estaciones estratégicas. Muchos movimientos, artistas y personajes se han dado a conocer gracias a los grupos y las páginas de fans. Empresas como Coca-Cola han utilizado este espacio para impulsar sus productos e incluirlos en el mercado a través de la decisión popular.

Sin embargo, el sitio se ha transformado últimamente en una máquina de spam. Sólo basta abrir el Inicio para encontrarse con un sinnúmero de aplicaciones del tipo ‘frase del día’ con conceptos tales como “El latido de tu corazón” o “Pregúntale al mojón”. Los fans de “Yo amo a mi mamá” abundan y las etiquetas a fotos de “Los amigos de revisión” —aplicación que te etiqueta en fotos aleatorias sin ninguna descripción o relación— son pan de cada día. Agregando la enorme cantidad de errores que presenta el JavaScript y el Ajax de la última versión, Facebook es un martirio para todo aquél que no esté dispuesto a pasar las horas frente al computador haciendo clicks y clicks a aplicaciones inútiles.

¿Qué se viene entonces, el ocaso y la muerte? ¿Habrá alguna forma de que el sitio no se transforme en una mera máquina de ruido y sí se consolide —como muchos opinan— en la red social más estable y exitosa al largo plazo? Habrá que ver. Como dice Calamaro, el tiempo dirá.

Foto: Laughing Squid (cc)

Artículos similares:

Acerca del autor

Consuelo a veces tiene una cuádruple personalidad. Sueña con la libertad y odia el narcisismo moral. Cree en las personas y no en los grupos. Aperra cuando nadie lo espera. No es por esto sino por todo lo contrario que Escribe en DILO.cl.