Sobre Darwin, el ateísmo y que todo esté permitido

Sobre Darwin, el ateísmo y que todo esté permitido

Hace casi un año se inició una campaña publicitaria atea en el Reino Unido, donde figuraba un bus con el mensaje: “Probablemente no hay dios. Ahora deja de preocuparte y disfruta tu vida”. Hubo harto revuelo, incluso el ex decano de Economía y Negocios de la U. de Chile escribió una columna al respecto, publicada en The Clinic. La lectura normal de la iniciativa por parte de los creyentes fue la misma de Joseph Ramos en su artículo, donde hasta cita a Dostoievski para argumentar que si dios ha muerto, entonces todo estaría permitido. Pero en general se ignoró los factores no religiosos que justifican la existencia de la sociedad civil, la moralidad y también el altruismo entre individuos, tópicos explicados en casi todas las publicaciones de uno de los precursores de dicha campaña, Richard Dawkins. Es decir, se asumió que el ateísmo es sinónimo de amoralidad y poco respeto al prójimo. Mal.

En 1976, Richard Dawkins publicó su libro más famoso: “El gen egoísta”. En él explica en detalle cómo probablemente se originó la vida —ya que nadie estuvo ahí para haberlo presenciado y asegurarlo— y también cómo, gracias a la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, la Selección Natural ha hecho gradualmente a los seres vivos de la forma en que son. Cambios paulatinos e incrementales, a lo largo de millones y millones de años, generaron desde las anémonas de mar hasta la consciencia humana. ¿Pero qué tiene esto que ver con los ateos? Pues mucho. Si la vida se originó por casualidad y de esa misma forma se ha ido acercando a lo que vemos hoy, no hay razón para pensar que hubo un dios que así la hizo. Si alguien inició el proceso, en algún momento ese alguien también debió llegar a ser generado por un proceso al menos similar al darwiniano, lo que genera un loop que no explica el Diseño Inteligente (es decir, que la vida que existe fue planeada así). Como bien piensan los creyentes, el hombre no pudo surgir desde la nada… ni tampoco dios.

Lo importante de lo que deduce Dawkins, gracias a los estudios de muchos otros científicos, es que la unidad funcional de supervivencia no es la especie ni tampoco el individuo, sino el gen. A través de la genética, son los genes más aptos los que pasan a las generaciones venideras (alelos cromosómicos), por lo que por definición, el gen más beneficiado es el que se perpetúa en el tiempo y ese gen, no de manera consciente, es el famoso gen egoísta. Los animales son egoístas, todos, pero a un nivel genético: todos los actos que hacen que les provocan perjuicios de algún tipo son, finalmente, en favor de sus genes. Si esto no ocurre, a largo plazo ese animal se reproduce menos y sus genes se extingen. Es decir, si hoy ves algo vivo, es principalmente porque su estrategia evolutiva ha sido exitosa. Así nacen las familias, los grupos y también las sociedades.

Es entonces cuando surge el problema siguiente: ¿Por qué debiéramos comportarnos de manera altruista con nuestros semejantes? La respuesta bien simple, después de todo: Porque el ser humano tiene previsión, a diferencia del resto de los seres vivos del planeta, por lo que puede hacer planes y usar su razonamiento para entender que esta es la forma que más lo beneficia. Además, una sociedad totalmente egoísta y sin leyes sería, de forma clara, un lugar bastante desagradable donde vivir. El mismo Dawkins lo nota y agrega que no nos queda más que enseñar el altruismo a nuestros hijos, ya que no podemos esperar que lo tengan de forma natural.

El ser ateo, de la forma en que estos filósofos y científicos lo son, no significa darse todas las libertades imaginables y robar, matar y engañar, como cree Joe Ramos. No. Significa usar esa libertad para pensar los supuestos morales, filosóficos y científicos racionalmente y no dejarse llevar por cegueras como la de la fe. Una persona educada en el ateísmo, donde se le explica el por qué de las cosas, no necesita temer del fuego del infierno para ser un buen individuo, moralmente hablando, ya que el mismo nivel de los genes favorecerá a los que trabajan en equipo y dejará a un lado a los que transgreden los límites de la sociedad.

Visto esto último como selección natural darwiniana o egoísmo de los genes, las personas que transgreden las leyes, asesinan, roban, engañan, etcétera, están dejando una descendencia en desventaja respecto a las personas buenas, ya que tienen mayor riesgo de pasar hambre y frío, por ponerlo de alguna forma. Luego, esta situación no es sostenible a través del tiempo, un muy largo plazo, ya que los descendientes de los que se portaron bien estarán en una situación mucho más ventajosa que los demás, siendo más probable que tengan más y mejor descendencia. Así es como, finalmente, esta estrategia triunfa, teóricamente. Es cosa de ver la sociedad mala de hoy y compararla con la sociedad buena de hace dos mil años.

Espero poder redimir el mito del ateísmo como libertinaje, aunque sea un poco, y mostrar que es lógico y para nada incompatible con el modelo que la mayoría de la gente comparte de lugar ideal donde vivir.

Foto: Atheist Bus Canada (cc).

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Acerca del autor

Fabián es el ideólogo tras DILO.cl, uno de sus fundadores, administradores y además su editor general. Estudia Periodismo en la UC, es un orgulloso usuario y entusiasta de GNU/Linux y admira el mundo del software libre. Si gustas, puedes seguirlo en Twitter @fabdango o leer su blog personal.