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Renca no la lleva todavía

31 Enero 2012 – 01:08 | Sin comentarios

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Orión Morales, director de la Orquesta de Jazz U. de Chile: “El arte sin rollo social no es arte”

Publicado por en 30 Marzo 2010 – 17:04Sin comentarios

Orión Morales, director de la Orquesta de Jazz U. de Chile: “El arte sin rollo social no es arte”

Tiene 27 años y vive en el mundo de la música desde hace 20. Uno de los 100 Líderes Jóvenes 2007 de El Mercurio, este revolucionario docto acerca la música a las multitudes, gratuitamente y con mucha pasión. Se ha presentado en casi todos los escenarios capitalinos. Crea orquestas y ensambles, educa a la gente y si es necesario, moviliza a toda una facultad para ayudar a los que más lo necesitan. Para él, todo eso va de la mano.

Últimamente anda muy apurado. El decano de Ciencias de la Universidad de Chile, Raúl Morales, su padre, es candidato para suceder al actual rector y hay muchas reuniones que atender. Orión tiene 27 años, es moreno, usa lentes y mira a los ojos cuando habla con la gente. Para en un café de Plaza Italia, donde se permite un descanso y un agua mineral.

El músico temprano

Empezó con el piano a los 7 años, cuando ingresó al conservatorio. A los 18 ya había completado el ciclo básico, se había presentado en la mayoría de los escenarios de Santiago y también en varios de la V Región. Lo explica así: “Yo soy el cabro chico cuyos padres dijeron: queremos tener un hijo artista y queremos que haga eso no más”.

A los 10 años ya creaba sus propias piezas: “Yo nunca fui un muy buen pianista, entonces componía para poder pasar los cursos. Por ejemplo, teníamos un ramo que era estudiar a Chopin; yo no podía tocarlo, así que yo creaba melodías muy parecidas a las de Chopin y decía que eran de él. Mis profesores compraban”.

Cuando cumplió la mayoría de edad, ingresó a la Escuela Moderna de Música, de donde egresó como compositor y director de orquesta. Desde entonces no ha parado de crear proyectos.

El rol social

El padre de Orión es Decano de Ciencias y su madre tiene un alto cargo en Caritas Chile, así que no podía ser de otra forma. El compromiso del músico es acercar la cultura y las artes a la gente, para así formar personas integrales en la sociedad. Ese es su aporte.

¿Cómo lograste que El Mercurio se fijara en ti sin ser empresario ni trabajar en Un Techo Para Chile?

Mi rollo es principalmente la cultura. Yo creo que en ese sentido los de la orquesta y yo somos personas muy proactivas, que podemos traer un piano y ponernos a tocar, y es muy fácil que lleguemos a la gente. Tengo la composición muy ligada al tema social y creo que eso fue lo que vieron los Jóvenes Líderes, porque va de la mano. Para mí, el arte sin rollo social no es arte. Si el arte no tiene impacto en la sociedad, si no refleja lo que está pasando, no me interesa.

¿Y qué iniciativas han realizado para llevar “la cultura y arte para todos”?

Bueno, en nuestros conciertos no se paga entrada. Son todos abiertos para que pueda entrar el joven estudiante que no puede pagar 3 o 4 lucas para entrar al club de jazz. Entonces si paga su pasaje, llega al concierto y llena el aula, nosotros semana a semana los iremos acostumbrando a escuchar música. Entonces en 5 años más, cuando ellos egresen, tendrán el afán de ir a escuchar arte y claro, el dinero para invertir en eso. Pero alguien tiene que darse el trabajo de educarlos.

Llegó un minuto en que dijimos: “oye, ¿por qué no hacemos esto a nivel nacional? Vayamos a las universidades y pueblos más pequeños que hay en Chile”, y fue así que empezamos a recorrer el país, ganando proyectos y todo. Fuimos al sur, principalmente. Nos invitaron a las Semanas Musicales de Frutillar y claro, como ellos ponen el bus y la estadía, entonces podíamos ir parando en cada pueblo que tuviese más de 100 personas y dar un concierto.

Entonces el viaje Santiago-Frutillar duró como una semana…

Duró como 12 días. Cuando llegamos a Frutillar estábamos muertos, creo que fue el peor concierto que dimos. Pero nuestro afán, más que llegar a Frutillar, era eso: poder ir a lugares donde la gente nunca hubiera visto una orquesta.

El año pasado postulamos a dos Fondart y los ganamos. Uno de ellos consistía en llegar al norte, hasta Iquique: un viaje largo que era muy difícil realizar con el aporte de privados. El proyecto consistía en que entre Pica y La Serena ofreceríamos 20 conciertos en 12 días. Fue hermoso llegar a Pica, un pueblo que no veía una orquesta desde hace 50 años. Como para la gente era todo nuevo, el concierto ahí empezó cuando llegamos. Nos regalaron comida, leche con mango y pisco sour.

También hubo lugares que tenían orquestas amateur, entonces nosotros llegamos y pudimos hacer intercambio de material, les regalamos partituras. Porque el problema es que las orquestas simples tocan música clásica porque no hay más repertorio. Por así decirlo, no hay ningún huevón que se quiera sentar a componer cosas simples para las orquestas municipales o de colegios. Mi labor es entonces crear este repertorio para regalárselo a la gente para que ellos lo vean y puedan ponerlo en práctica.

En todos los pueblos fue una revolución. Primero, la Universidad de Chile hizo presencia; segundo, pudieron ver un show donde se mezcla la identidad latinoamericana con los valores en nuestras letras, como la disciplina y la perseverancia; y por último, donde la música es contemporánea, se hace aquí y ahora, y podría estarse tocando en Japón o Alemania y sería de vanguardia.

La orquesta más activa del país

Orión y su orquesta están acostumbrados a dar dos o tres conciertos diarios. Él diría que son la orquesta que más conciertos realiza de Chile. Entre octubre y noviembre de 2009 se presentaron 50 veces. Las Big Bands tienen un promedio de 8 conciertos por año y la Sinfónica, 120.

La vida del artista

Si todo es sin fines de lucro, ¿cómo vives?

En este minuto, a los 27 años, no hay muchas cosas en las que gastar. Yo gasto en bencina, un arriendo básico… La verdad es que, siendo muy sincero, con 300 o 200 mil pesos, yo vivo tranquilo.

¿Y de dónde sale ese dinero?

Yo soy compositor. Tengo la posibilidad de que la gente me llame, me pida una canción y yo le cobre por eso. Vivo con ese mínimo y no necesito más, el resto es para la orquesta, para la cultura. En general, los músicos del grupo piensan así: están entre los 23 y 24 años. El artista se debe preocupar de hacerse un nombre, dejar huella; entender que el dinero es un concepto que no debería ser preocupante. Uno tiene que estudiar y aportar, los valores van por otro lado: valores humanos, sensaciones, cultura, integridad.

Peralillo y Población

¿Cómo cambió la labor social de tu orquesta tras el terremoto?

Nosotros tenemos un compromiso con la sociedad en el sentido de que tenemos que aportar. Todos vivimos el terremoto y nos dimos cuenta que la ayuda iba para las VII y VIII Regiones, pero uno de los chicos de la orquesta es de Rancagua y comentó que había varios pueblos en la zona que estaban destruidos y no llegaba ningún tipo de apoyo estatal. Entonces con Miguel Fonseca, el bajista del grupo, agarramos la camioneta y nos fuimos a recorrer la VI Región. Llegamos a Peralillo y Población, donde estaba la embarrada.

Hicimos un viaje importante, alrededor de 50 personas: médicos, sicólogos, arquitectos y profesores, además de gente dispuesta a limpiar el pueblo. Alrededor de 15 autos, camionetas y camiones en caravana.

Por ahora, la orquesta está dando conciertos para juntar dinero y poder ayudar a Peralillo. No podemos llevar solamente los víveres, sino ayudarlos a proyectar qué va a pasar con ese pueblo de aquí a diez años. Su economía se desarmó: perdieron sus cultivos, la mercadería y abarrotes. Lo que ellos necesitan en este minuto es una arquitectura urbana y no solo en el nivel de los edificios: ayudarles a aprender de qué van a vivir y cómo se van a organizar.

Mi plan es que, así como Pomaire vive de la greda, hagamos pueblos donde vivan alrededor de las artes o los deportes. Con cuatro o seis profesores por pueblo que organicen actividades deportivas o artísticas sería posible lograrlo. Así como en Europa nacen los pueblos y ciudades de artistas, donde solo viven de la música y todos tocan. Además, así no todo se centraría en Santiago y podríamos ayudar a la descentralización del país. Espero que cuando la gente venga a Chile y quiera escuchar música vaya a Frutillar, Viña, etc; a la greda, Pomaire; los deportes, no sé… algún pueblo que esté marcado por eso. Las artes son más caras, pero el deporte es mucho más barato.

Conociendo a los viejos maestros, que hoy tienen 50 o 60 años, felices se irían a jubilar a lugares menos ruidosos, donde puedan enseñar lo que saben. Y hay que convencer a las grandes universidades de que apadrinen localidades, para acercar así la cultura y formar personas integrales, que es lo que falta en este país.

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