Cómo decirle a tus viejos que te echaste un ramo
La situación recuerda el sketch de El Club de la Comedia a quién no le ha pasado. Aunque algunos ñoños privilegiados terminan sus carreras flawless, como en el Mortal Kombat, la gran mayoría de los estudiantes sí reprueban algún(os) ramo(s), lo que los atrasa y hace gastar más tiempo y plata en sacar su título. Como los que ponen el billullo son los viejos, contarles que te echaste un ramo puede llegar a ser una tarea extenuante, según el carácter que tengan. Aquí unos consejos para no ser empalado antes de terminar de hablar.
Primero que todo, no les digas que te atrasarás hasta que efectivamente estés cursando el semestre extra. Si estás a punto de salir, a tus viejos no les importará tanto pagar ese semestre de más. En cambio, si te quedan cuatro años y el ramo reprobado es anual, es posible que tengan que sacarte el bototo con cirugía.
Tampoco les digas que no pudiste estudiar porque tu hermano chico no te dejó. Culpar a los más débiles es mala idea y tus viejos lo saben, así que empezarán a controlar el tiempo que pasas frente al PC, que juegas Play, que sales a carretear y hasta que llamas por teléfono. Si eres hijo único, con las mascotas pasa lo mismo.
Asume todas tus culpas y promete que nunca más. Aunque sabes bien que no será la última vez, la técnica del perrito arrepentido funciona en el 86,13% de las veces. Si se te arranca alguna lagrimita, mejor aún. Pero ojo que para que funcione bien, debes mostrarles que estudias mucho durante el inicio del siguiente semestre. Si no, olvídate de volver a usar la técnica.
Busca apoyo con tus abuelos. Como bien dice el dicho, “los padres crían y los abuelos malcrían”. Si alguien tiene poder sobre tus viejos esos son sus propios viejos, así que si te ganas la simpatía de tus abuelos, tendrás todas las de ganar. Si te llegan a hacer algo, la aweli te defenderá siempre.
Recuérdales que también les pasó. Esta técnica resulta solo si tus viejos tienen estudios después del colegio, pero es la más eficaz. Quédate mirando fijamente, sin hacer ningún gesto, y cuando te vayan a dar el reto más duro pregunta con cara de pobrecito: “¿A quién no le ha pasado?”.
Trabaja el verano. Parecerá que eres tan esforzado que igual te pagarán las mensualidades y además te quedarán buenas lucas para ti durante el año.
Y por supuesto, no les digas jamás que leíste este artículo. Tu credibilidad se irá a las pailas y la nuestra también.
Foto: skinny coder (cc)
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