Las carreras indescriptibles (“¿Y pa’ qué sirve esa cuestión?”)
Cuando un primo del sur me comentó en el verano que pretendía estudiar Ingeniería en Bioinformática y que era como un sueño para él, busqué en cada rinconcito de mi cerebro alguna idea que enlazara tan extraña carrera con la vida real; pero fallé. Todos los músculos de mi cara parecían gritar “¿¡qué chucha!?”, y por más que traté de disimular mi desconcierto, sólo atiné a decir tonteras sobre lo interesante y novedosa que podría ser tal profesión, que tenía harta proyección y challa de publicidad post-PSU.
Sin embargo lo “inefable” de algunos programas ofrecidos por los distintos planteles universitarios, institutos profesionales y CFTs en Chile no sólo se encuentra entre nombres ostentosos como Psicología Transpersonal, Artífice del Fuego o Literatura Creativa. Están entre nosotros, quizás en la facultad de al lado o tal vez tú mismo seas uno de estos ignotos profesionales. Si te reconoces en la siguiente lista, tienes dos opciones:
- Tomarte con mucho humor el desconocimiento de las masas respecto a tu (futura) labor.
- Correr a la azotea más cercana, atarte una piedra al cuello y lanzarte en caída libre mientras lloras el sin-sentido de tu existencia.
Sociología
Niña símbolo, la regalona de lo inexplicable, principalmente porque está tan cerca, pero a la vez tan lejos de nuestro entendimiento. Cuando contaste en tu casa la decisión de internarte en esta dimensión hermosa y desconocida de las humanidades (después de sacar cálculos para las ponderaciones tal y como solía hacerlo la selección nacional antes de Bielsa), lo más probable es que tus papás hayan sentido la misma incomodidad que yo en la situación descrita al principio. O tal vez intentaron truncar tus esperanzas aduciendo la inutilidad de dicha profesión, o simplemente te dejaron ser sin preguntarte nada. “Bah, chusma ignorante”, habrás pensado tú, joven lectora, pero por más que intentes enseñar sobre las aplicaciones de esta noble ciencia, nunca lo lograrás. Sólo otro sociólogo sabrá con exactitud para qué cresta sirven. Ante los ojos del resto de los mortales, siempre serás una extraña cruza entre un psicólogo, un asistente social y alguna otra disciplina humanista cualquiera. Shit happens.
Bachillerato
—¡Uuuh, tanto tiempo amigui! Casi no salgo de la casa por estudiar cálculo. ¿En qué estai tú ahora?
—Bachi
—Hnnn…
Ese “hnnn…” con desconfianza vale más que mil palabras. Bachillerato —o bien su versión contemporánea y lais: el College— sigue conservando su estatus de Limbo de los Indecisos en la cultura pop. Si bien muchos sabemos que es esa pupa donde esperas que maduren tus gustos e intereses para salir a conquistar el mundo dentro de una carrera definitiva, mientras te achacan miles de ramos de todos los colores y acumulas minors y majors por doquier, lamentablemente otros todavía le imprimen el sello de “quinto medio” a esta modalidad alternativa de ingreso a la educación superior. A pesar de esto, no desesperes: una vez que salgas de este túnel de 2 ó 4 años, según corresponda, estarás en considerable ventaja respecto a tus pares. No tan sólo en cuanto al abanico de conocimientors que poseas, sino a lo enjundioso que se verá tu currículum con las menciones ganadas a punta de desvelos y viajes eternos entre facultades.
Esas misteriosas ingenierías
No es mucho lo que sabemos sobre ellos, ya que suelen no salir a la calle. Los crían durante cinco o seis años en colonias herméticamente selladas y alejadas de toda distracción, hasta que estén listos para mudarse a otros enclaves más grandes y más aislados. No estoy hablando de los valientes que sobrevivieron a los dos años de Plan Común para ser “civiles en algo”, o de quienes se enfocan en el aspecto comercial de la carrera, sino a los que por alguna razón decidieron sumergirse en áreas tan bizarras como la Ingeniería en Biotecnología Molecular, en agronegocios, mecatrónica, geomática, o como mi pariente austral, en bioinformática. Esdrújulas terroríficas, por cierto. ¿Cuánto dinero ganarán? ¿Quién los contratan? ¿Es que acaso sólo los mantienen confinados para que produzcan nuevo conocimiento hasta el último aliento? En definitiva, ¿QUÉ DIABLOS HACEN?
Terapia Ocupacional
Tal vez peco de ignorante, pero para mí los límites entre esta disciplina, la Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y Kinesiología (más sus derivados) son difusos. El desconcierto crece aún más cuando te enteras que el grado académico de egreso es Licenciado en Ciencias de la Ocupación Humana, nombre que sigue sin dar pistas sobre la verdadera naturaleza de la carrera. Según me explicó alguien una vez, es un híbrido resultante de la fusión entre la comprensión de psicólogo con la habilidad del kine, cuyo trabajo se enfoca hacia los centros de rehabilitación y una particular preocupación por el paciente. Lo bacán es que, como al parecer son escasos, son bien remunerados y su pega puede ser desde escuchar los dramas de un enfermo terminal hasta dictar charlas sobre salud reproductiva en empresas, generalmente acompañadas de un bonus de preservativos (lo cual siempre es bienvenido).
Ciencias de la Familia
La Finis Terrae es la única U que imparte esta maravillosa carrera y te enseña cómo ser un experto en mediación de conflictos familiares… o al menos eso nos cuenta en su sitio web. Les importa la familia, ergo les importa la sociedad. Es por esto que dotan a sus egresados de una “visión interdisciplinaria” para que puedan comprender de manera integral al matrimonio y la familia. ¿Bonito, no? Hasta que revisas la malla y notas la existencia de ramos tan escalofriantes como “Coaching” y “Pedagogía de los Valores”. No obstante, lo peor está en el lado de la luz (Línea de Formación Teológica), donde te encuentras con “Fe y Cultura”, “Matrimonio: amor y sexualidad” y “Familia en el Magisterio de la Iglesia”. ¿La familia según quién? Que alguien me cuente, por favor, cómo funcionaría una linda terapeuta rubia intentando arreglar el matrimonio entre la vieja narco y el shoro en cana allá por el sector sur.
Así que si tú estás matriculado en alguna de estas carreras con crisis de identidad, resígnate. Estarás condenado a repetirle una y otra vez a tu tía cargante la misma información que sale en los folletos que regalan las Úes. Sin embargo, también puedes ver el lado positivo: la saturación del campo laboral no es tema como sí lo es para los periodistas o los ingenieros comerciales y la cesantía está a miles de kilómetros de ti.
Foto: hern42 (cc)
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