Viaje a una pesadilla burocrática en la Junaeb
De un día para otro simplemente mi pase dejó de funcionar. Al principio se puso mañoso, luego de unos pequeños movimientos delante del torniquete funcionaba, pero tiempo después ni siquiera eso lo hacía hacer bip!. Nunca tenía tiempo para ir a la Junaeb, así que en el Metro le decía a la siempre amable señorita detrás del vidrio: “Hola, ¿dame un boleto por favor?”. Ella siempre me respondía con una sonrisa: “No te puedo vender un boleto”. Ahí le entregaba mi pase para corroborar que estaba malo y así poder comprar boletos por dos semanas; hasta que decidí por fin ir a hacer el detestable trámite.
Siempre me decían que la Junaeb estaba llenísima, que mínimo te demorabas una hora en hacer la fila y a pleno sol. Al llegar, aproximadamente a las doce del día, quedé sorprendida con lo expedito del lugar. Llevaba todos mis papelitos: depósito en el banco, pase deteriorado, cédula de identidad y certificado de matrícula. Llegué donde otra amable señorita que me atendió y me dijo: “Necesitas un certificado de alumna regular, éste papel no te sirve”. Mi cara casi se desfiguró, No tenía tiempo otro día de hacer el trámite, así que corrí a la universidad a pedir los documentos y regresar a la Junaeb.
Volví y ahora sí mi cara era peor que la de Scream: eran las una de la tarde y la fila se alargaba, por lo bajo, unas cinco veces más de lo que había sido hace una hora atrás. Hice la fila de nuevo, ahora sí me recibieron los papeles y me dieron un “Certificado de reposición de Pase Escolar” para mostrar en la boletería del Metro a los cajeros mientras se concretaba la llegada del pase definitivo.
Feliz me fui a la universidad de nuevo. Llegué al Metro, mostré mi “Certificado de reposición de Pase Escolar” para que entonces no me miraran feo por comprar boleto y la amable señorita me dijo: “Ese papel no te sirve, tienes que tener este” y señaló otro documento. ¿Qué sentido tiene que te den un “Certificado de reposición de Pase Escolar” que NO te sirve para comprar boletos? Le expliqué esto a la mujer detrás del vidrio en la boletería y al parecer por mi insistencia decidió venderme un boleto.
A la semana después decidí ir a pedir ese famoso papel que entregaba la Junaeb. Ese que NO era mi “Certificado de reposición de Pase Escolar”, sino que era uno que sí me permitiría comprar boletos mientras no tuviera mi Pase Escolar, ya que este año mágicamente desaparecieron las tarjetas provisorias. Llegué entusiasta y le pregunté al tipo que hacía como que estaba encargado del asunto y conocía todo el tejemaneje de la institución: “¿Qué fila hago para pedir un certificado para comprar boletos en el Metro?” Y el tipo muy relajadamente me respondió: “Ninguna”. Como mi cara de espanto se asomó nuevamente, él me explicó que esos famosos certificados para comprar boletos con tarifa rebajada son sólo para alumnos de primer año y de regiones: el resto de fauna universitaria que no cumpla con ese requisito no recibe nada más que un “Certificado de reposición de Pase Escolar”, que en verdad no sirve para nada. Le pregunté dónde podía reclamar aquella situación, me dio una dirección y fui. Para mi sorpresa, el sitio quedaba casi frente de donde me encontraba.
Entré entonces a la oficina de TNE y pedí un documento que sí acreditara que era estudiante sin pase y que sí me permitiera comprar boletos. La mujer que me atendió me dio la misma explicación que el anterior tipo, a lo que le respondí: “¿Y qué otra opción tengo para no tener que pagar en estas tres semanas el pasaje completo?” y la misma respuesta recibí: “Ninguna”.
Llegué al metro, compré un boleto adulto y me fui a casa. Si alguien quiere que lo acompañe a la Junaeb, olvídelo.
Foto: kurotashiO! (cc)
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