Educación y banderitas
¿Qué tienen en común la OCDE, los pingüinos, los universitarios, los profesores, los senadores, los diputados, el Gobierno y la Oposición? Todos están de acuerdo en que la Educación en Chile está mal. Pueden diverger en las razones –siendo sospechosos los profesores, las familias, Yingo, las poblaciones, los sostenedores, la infraestrutura, los Municipios, el Playstation, el Fotolog, etcétera– o en las ponderaciones a las mismas, pero todos están seguros de que la Educación chilena guatea.
En un esfuerzo tecnológico, nuestro brillante Ministro de Educación –del cual todos alguna vez nos hemos burlado– decidió que había que armar un mapa digital que nos ilustrara la situación de cada colegio en el Simce 2009, así cada apoderado tomaría una decisión informada con datos estandarizados a la realidad nacional –y no con los que el director del colegio le dice– a la hora de matricular a su hijo. Sinceramente es la mejor idea que he visto salir del Ministerio de Educación desde que tengo uso de razón. Así, para hacerlo más ilustrativo –a prueba de tontos–, utilizó banderitas de colores para mostrar con un solo vistazo cómo le había ido a ese colegio respecto al promedio nacional. Vuelvo a repetir: una idea brillante de Millhouse.
La idea es buenísima, sin embargo podría haber sido mejor. Tal como una foto es a una película o un coeficiente de posición es a una carrera, los mapas fallan en proporcionar información sobre la evolución de ese colegio en el pasado cercano para poder predecir su desempeño futuro. Variación respecto a su(s) último(s) resultado(s), desviación respecto a la última media nacional, algún dato estadístico o gráfico que permita saber si el colegio está mejorando o está empeorando sus resultados.
Por poner un ejemplo, la generación que egresó el 2006 del Instituto Nacional se ubicó en en el lugar 20 del famoso ranking de colegios (PSU) y fue el mejor municipal por lejos. Sin embargo, su puntaje PSU promedio cayó en 5 puntos respecto a la medición del año anterior, mientras la media nacional subió 6 puntos. Un gráfico como el de las banderitas sólo hubiera ilustrado lo primero: uno de los mejores colegios del país y el mejor municipal, sin embargo, un gráfico con información completa hubiera mostrado que su nivel está decayendo respecto al año anterior.
Las banderitas condenan a los colegios a un color bastante elocuente sin importar si su evolución es positiva o negativa. Así se destruye el incentivo de los colegios a mejorar, ya que las mejoras normalmente son marginales y no permiten el salto de un color a otro. Por otra parte, los colegios con banderita verde se relajan en su posición, pues es poco probable caer de color, manteniendo la inercia. Un sistema que muestre tendencias incentivaría a los colegios a superarse, respecto a si mismos y eventualmente respecto a sus competidores.
Si bien las banderitas –desviaciones respecto a la media, media móvil o lo que le quieran agregar al mapa– no cambian la Educación en Chile, es un buen primer paso en busca de su mejora. Este sistema señaliza el desempeño que los colegios han tenido en el SIMCE, lo que sirve para que los sostenedores de los colegios tomen conciencia de su real aporte a la educación de nuestros niños y para que padres y apoderados tomen cartas en el asunto, exigiendo educación de calidad o cambiando a sus niños de establecimiento. Banderita amarilla para Joaquín Lavín.
Imagen: (cc) Flickr: benja
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