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Renca no la lleva todavía

31 Enero 2012 – 01:08 | Sin comentarios

En noviembre de 2010, un gigantesco letrero hizo visible a la comuna en el mapa de Santiago. El eslogan “Renca la lleva” debía marcar el inicio de una serie de proyectos recreativos y ambientales, pero …

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El loco delirio asistencial

Publicado por en 30 Junio 2010 – 01:58Sin comentarios

El loco delirio asistencial

Según los números, Chile sería uno de los países con peor distribución del ingreso en toda América Latina. Si bien tenemos un territorio con altos recursos y con una economía que constantemente desafía todas las brechas, seguimos viviendo de consuelos: somos hostiles hacia nuestra “disminuida” pobreza, dándole soluciones parches cada día y creyendo que así eliminamos el problema. Sí, me refiero al asistencialismo, tan en boga hoy en día, tan manoseado por las instituciones religiosas y tan agradecido que tiene a un Gobierno que no puede ponerse los pantalones con un problema que va más allá de una vivienda de emergencia o de un sueldo mínimo.

Todos los días al entrar a mi prestigiosa y pontificia universidad me toca ver un tapizado más o menos con puestos libres para los “Trabajos”. Sí, fines de semana o semanas completas en que una horda de estudiantes rubios y de ojos claros parten a pueblos como Futrono o Peor Es Nada a construir casitas de madera de un ambiente y sin baño para los “pobres”. Año a año Un Techo Para Chile logra cantidades estratosféricas de dinero en campañas para la creación de mediaguas a lo largo y angosto de nuestro país y con una rápida barrida constructora le dan vivienda a los sectores más “humildes” de la sociedad.

Lindo y todo, pero la cosa va más allá. ¿Pensarán acaso estos jóvenes tan buenos de adentro que hay mediaguas que ya tienen más de diez años de construcción? ¿Sabrán acaso don Felipe Berríos y don Benito Baranda que al terminar anualmente sus cruzadas dejaron tal cual encontraron la dignidad de aquellos que tienen menos? ¿Don Francisco habrá pensado en algún momento que su maravillosa Teletón coarta la creación de subsidios decentes para los discapacitados? No lo creo, para nada.

No quiero hacer generalizaciones apresuradas, pero la falta de responsabilidad de las soluciones a corto plazo parece más que una vocación por el verdadero servicio. Más que eso parece una especie de completación de necesidades o una búsqueda de la realización propia, sea ganándose el cielo, sintiéndose parte del todo o para ser más cool y rellenar temas de conversación. Nada más ni nada menos. Es cruel ver que sólo porque hubo un terremoto hace un par de meses hay gente más en contacto con los pobres porque “les da rabia ver gente durmiendo en carpas” como si esto no pasara hace tiempo, como si afuera de la Posta no hubiesen personas durmiendo con apenas una frazada hace años. Hace años.

La pobreza no es un tema fácil de solucionar, estamos de acuerdo, pero considero que creando soluciones parche y rápidas no se elimina el problema. Es más, agrava la situación, pues mantiene a la población pobre a la espera de que lleguen “los salvadores” sin darles siquiera una oportunidad de que ellos mismos salgan del círculo. Como me dijeron una vez en Amnistía Internacional: “es mucho mejor enseñar a pescar”. Hay que actuar, lo concedo, pero hay que saber cómo hacerlo.

¿Dónde está el papel del Estado en toda esta cosa? Me pregunto y me repregunto siempre por qué la última palabra sobre la solución de la pobreza tiene que estar a cargo de ONGs y no del mismo Gobierno. ¿Por qué hay gente que después de años de haberle otorgado una vivienda “de emergencia” sigue viviendo ahí mismo? ¿Por qué no existe una red social de apoyo al adulto mayor sin protección en vez de que los scouts y otros entes sociales les den cafecito en la noche? ¿Por qué no existe un dictamen al respecto de cuánto pueden ayudar los que quieren hacerlo y cuánta tarea en verdad le corresponde al organismo que elegimos los ciudadanos?

Tampoco es fascismo: es realidad. El papel del Estado no es ser el mirón que aprueba y rechaza. Al contrario, debe hacerse cargo de que situaciones como las de la horrible distribución del ingreso que tenemos terminen aquí y ahora, que logremos ser un país que de oportunidades y que cree conciencia de que se puede salir del hoyo y terminar de una buena vez por todas con la asquerosa realidad de que algunos arriba de la cota mil tienen veinte autos y que otros en zonas lejanas no tienen cómo abrigarse.

Hagámonos cargo del Chile que queremos, cabros: un Chile de bienestar que promueva la oportunidad y a la vez el progreso o sólo una máquina que aumente la torta día a día pero que detrás de los grandes edificios esconda hambre, pobreza y falta de respeto.

Foto: “Carolonline” (CC)