No falta la plata para el mall
Yo creo que harto llorones somos los chilenos. Despreocúpese, lector: si usted está chato de tanto Waka Waka en todos los medios aquí algo para distraerse.
“Que no hay plata”, “Que sube todo pero no suben los sueldos”, “Ya no me alcanza para nada” y frasecitas como esas hay por montones en la boca. Pero curiosamente cuando un chileno es pillado con las manos en la masa comprando un plasma responde: “Dicen que hay que reactivar la economía”. Un aplauso para ese chileno de respuesta intrépida. Sólo uno.
Mi fin de semana pasado, como era inicio de mes, eran los alabados días donde tenemos en la billetera más que algún boleto rancio de algo y unas monedas para cargar el pase. Eso es lo rico de cuando hay que cambiar la hoja en el calendario. Aparece el dinero, ese vil pero apreciado dinero.
Bueno, yo como gran parte de los chilenitos, tome mi platita y pensé en gastarla en algo útil. ¿Dónde se encuentra eso “algo útil”? Respuesta acertada: el mall.
Justo. Ni que lo hubiera visto a toda página en los diarios ese día: había una venta nocturna. A pesar del frío igual era harta la gente que andaba deambulando por los pasillos. Casi todas las tiendas aparecían con lindos letreros de “espectaculares descuentos”. Pregunté como en cinco locales y me responden niñas de poderosa sonrisa-que-trabaja-muchas-horas que las magníficas ofertas se traducían en 10 y 20 por ciento menos sobre el valor original. Sentía una docena de patos haciendo cuac a mis espaldas.
Veamos en las multitiendas. Me hacen consultar a un caballero que andaba dando órdenes por un walkie talkie. Con los ojos tan grandes y brillosos como el Gato de Shrek pregunté por las rebajas de la publicitada venta nocturna. Ahora no era una docena de patos, era una centena por lo bajo cuando el señor con una mirada denme-un-Oscar me dice “los descuentos son que mantenemos nuestros descuentos”. Sin comentarios me apuré en salir de ahí.
En todos esos minutos pensé que el mall había puesto buses de acercamiento por su publicitado evento, porque eran oleadas de gente. Yo diría que 2/3 ya andaba con una bolsa señal de que habían aprovechado los jugosos descuentos. Ya una vez en el mall, si te pegaste el pique, mínimo que te vayas con algo.
Sólo por morbo me acerqué al patio de comidas. Pensé que podría escribir mi testamento haciendo la fila de algún local y después escribir la continuación de Harry Potter buscando una mesa. Con ese panorama, chao hambre hasta la casa.
Igual, mi consumismo ganó. Aproveché una “valiosísima” rebaja del 10% y me traje una camisa. Cuando le sacaba la etiqueta para colgarla en el clóset volví a escuchar un fuerte cuac.
Imagen: Christopher.woo (CC)