Paja y lluvia: sublime combinación
Así es señoras y señores: pa-je-ros. Y no, no me quiero meter en temas más íntimos que incluyen vello púbico. Hablo de esa paja en esas índoles de flojera, cansancio, lata, irresponsabilidad, desgano… dígale como quiera, pero sabemos es casi nacionalizada como “paja”.
Hice el experimento de poner en Google “paja” y voilá: la mayoría de elementos de imágenes eran de ese elemento que abunda en el campo y una que otra imagen cochinona. Mejor me fue con “paja Chile” y disminuía un poco el triple equis. Supongo eso apoya que la paja es la paja pos. Larga, fome, de un color sin brillo y acumulada sirve para ¿algo útil?
Paja cuando llueve, paja cuando hay mucho smog. Paja cuando se echa a perder el control remoto, paja cuando por más zapping que hagamos en más de ochenta canales no hay nada bueno. Paja ir a ver al abuelito que vive lejos, paja ir a buscar un encargo de tu mamá a la casa de tu hermano. Paja cuando la clase es una lata, paja cuando aún debes soportar un viaje parado en el Metro para llegar a la casa. Paja estar a gusto y que tu organismo te haga pararte e ir al baño. La paja redunda y abunda. Cuando es mojada, subió en su nivel.
El viernes fue la primera lluvia con cuática acá en Santiago. No es nuevo que los colectores de aguas-lluvia colapsen más rápido que pendejo con un vaso de cooler, pero menos novedad que cuando llueve se inunda de paja: levantarse, abrigarse, usar paraguas, evitar que los choferes-que-olvidaron-su-pasado-peatón te mojen e ir a clases.
Después llegas a tu linda sede de estudio y descubres que tanta cerámica fría te hace burla y hace menos agradable la estancia. Pero aparte de comentar con tus compañeros lo pajero que es ir a clases con la lluvia y descubrir y recordar tu cama como un elemento orgásmico, te das cuenta que todos están un poco atrasados. Aún no encuentro mayor explicación científica de por qué la gente camina más lento con la lluvia.
Y bueno, ya que te diste la paja de levantarte e ir, tienes que ser bueno en algo: contando la escoba que estaba por donde pasaste con la lluvia. Es una competencia, donde ganas… nada, pero competencia al fin y al cabo. Hay caras de asombro para el que cuenta que casi no llega porque apareció un dragón marino camino a la micro o que estuvo en un taco de dos horas en una distancia de seis cuadras. Un momento, te avisan que el profesor no llegó porque “tuvo un problema personal”. ¿Quién dijo que sólo los jóvenes somos pajeros?
El profesor, aparte de recibir por encomienda mental una caja con rosarios de sus queridos alumnos, debe estar con un calientito café, seco y pensando “después paso todo en una clase y hago un taller”.
Los que trabajan están hasta con las tripas cruzadas esperando que el jefe se acerque y en un acto de caridad diga que se pueden ir más temprano para la casa, porque es una reverenda paja estar en el trabajo mientras llueve.
Más en la contingencia es una paja tener que ir a estudiar o a trabajar después que un partido de fútbol dice que se debe celebrar como si bajaran los impuestos. En serio, deberían tener que presente que de repente con tanta paja, siquiera aparece doña concentración y todo termina siendo una paja de pérdida de tiempo.
Imagen: Martin Sojka (CC)
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