Para qué tanta intelectualidad
Sí, a mí también me metieron hasta por la nariz la vieja frase de Descartes “pienso, luego existo” a lo largo de mi vida, pero a veces creo no estar de acuerdo con ella. Me parece algo idiota la moda (por así decirlo) de pretender que todo puede ser teorizado y basado en la racionalidad. Y digan lo que quieran, señores, no por eso soy un mono arriba de un árbol: simplemente no me fanatizo con nada, ni siquiera con mis propios pensamientos.
¿Alguien verdaderamente cree que puede encontrar la verdad? Lo compadezco. A veces pienso que simplemente la verdad no puede ser encontrada por ningún lado, ni siquiera escrutando en nuestro propio cerebro. Más podrían existir significaciones, criterios y símbolos que harían la vida más llevadera y menos sin punto final; pero ello no implica una eterna complicidad con aquellas “verdades” para ensalzar nuestra existencia y no sentirnos tan incómodos con nuestra fútil comprensión de la realidad y nuestra estancia en el mundo. ¿Es que acaso la vida siempre es igual?
Al ver este artículo reí mucho pero a la vez sentí un poco de rabia. Me hace pensar en otro tipo de fanatismo: el fanatismo por la intelectualidad. Por la vida extremadamente racional, por las cosas profundas y por la búsqueda incesante de teorías y verdades. Es como si se nos olvidara que además de tener condición de seres pensantes no comiéramos, cagáramos ni hiciéramos el amor: al contrario. Aunque queramos evitarlo nos enfermamos, lloramos sin razón y aún no tenemos cura para el SIDA. Aunque queramos pretenderlo no somos perfectos, nuestra vida acaba y podemos interrefutarnos.
Es como la gente religiosa. Olvida con un montón de tabúes lo instintivo, lo propio de nuestra animalidad e intenta ponerle un piso a la pobre idea de que no sabemos de dónde venimos ni para dónde vamos ciegamente. ¿Ha mirado con ojos críticos a los pueblos indígenas porque no comparten nuestras creencias o formas de vida? ¿Está orgulloso por ser chileno sin saber que usted no eligió serlo?
Si es así, es víctima de una escasa visión de mundo y quizás un fanatismo profundo por la verdad. Quizás esto suene un poco a certeza pero al fin y al cabo usted no es el único ser humano que vive en el mundo y no inventó la forma de vivir. Probablemente el fútbol y el reggaetón sean tontos, no nos hacen pensar ni podemos sacar conclusiones brillantes ni fascinantes de eso pero nos hacen sentir felices, acompañados y menos ignorados en la masa. Quizás sea una de las pocas instancias en que podamos llegar a entendernos, a vivir nuestras emociones y sin reparos decir “Viva Chile conchetumadre”, sin con ello caer en rellenar el vacío con una verdad. El fútbol si fuese tomado de una forma menos fanática por ciertos entes sería un no fundamentalismo bastante delicioso.
Y usted me dirá que hemos progresado gracias al intelectualismo, pero yo le diré que no. Es más, pienso que el único “beneficio” de pensar y repensar tanto es el traer una linda angustia al cuerpo, nada más. Quizás sea mejor sacarnos los anteojos lógicos y racionales y lograr mandarnos a la chucha de una buena vez por todas. Jamás hemos sido lo que nos han planteado y la bella humanidad probablemente no exista nunca, ni siquiera en nuestra imaginación. Por lo menos por mi parte es mejor vivir sin bálsamos de bolsillo y asumirme como ente imperfecto y disfrutar mucho que todos los días aprendo algo nuevo.
Imagen: Emi (CC)
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