La vida ex-oculta de los profes
Aparte de muchos compañeros que nos acompañan por meses en la sala de clases, también existen otros seres a los que después podemos reconocer en la calle o en alguna red social: los profesores.
Es heavy, porque en el intento de ser bacán de estos personajes se hacen cuenta en Facebook, Twitter u otro medio y te agregan. O de repente algún compañero ocioso lo pilla en estos rincones del ciberespacio y comienza a propagarse el “hacerse amigo” del docente.
En Facebook es heavy. O sea: si es tu amigui significa que el profe podrá ver fotos de uno en carretes, situaciones cotidianas de la vida como estar tomando en algún bar y cosas así, distantes del perfil de un buen y responsable alumno. En Twitter lo mismo, tendrás que escribir el mensaje en una especie de código egipcio para que el maestro no entienda que la mierda que estamos tecleando va en su contra.
También está el caso contrario, cuando uno ve al profesor en situaciones extra sala de clases. Creo que la más básicas noción que podemos deducir de un educador giran en torno a si fuma, toma café, es puntual o si tiene o no argolla de matrimonio. El resto es un completo misterio.
Muchas veces olvido que ellos también respiran y realizan actividades cotidianas. Más de alguna vez me topé con un profesor en la micro, Metro, supermercado o el mall. Peor situación es encontrarte con alguno y que la situación y modales te obliguen a buscarle conversa y sacarte los audífonos. Generalmente el tema y las preguntas son de índole “¿y cómo están las pruebas?”.
Actualmente gracias a las redes sociales podemos ver hasta cómo son los descendientes y su familia. Choca un poco ese mayor grado de cercanía o de conocimiento con estas personas que por años fueron sólo el profe de un ramo o el “viejo cul*ado”. Obviamente también sé de la existencia de esos docentes que ventilan casi toda su vida y se sienten tan en confianza en la sala que sólo falta que se afeiten o depilen frente a uno.
En intentos de salamería, seguramente el susodicho maestro se lleve más de algún “Me Gusta”, saludos cumpleañeros, comentarios mamones y caritas felices. Aunque tiene un beneficio esto: enviarle dudas por interno y hasta poder tener un cordial chat aclarando cruciales dudas en cruciales momentos.
Así están los tiempos. Ahora si publicamos que pasamos una genial tarde antes de una prueba o un trabajo el profesor no necesitará un ábaco para entender que esas buenas horas no fueron invertidas en estudio para su ramo.
Y no voy a hablar de los docentes “barreros”, porque eso es para otro artículo.
Imagen: Nertzy (CC)
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