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Centro del Adulto Mayor de Renca: Lo que el terremoto se llevó

Publicado por en 16 Octubre 2010 – 11:03Un comentario

Centro del Adulto Mayor de Renca: Lo que el terremoto se llevó

Edigio Maulén (80) vive solo en una pieza que arrienda por $30.000. Allí, entre la cama, la cocina y la cómoda, apenas se puede transitar. José Arancibia (62) y su pareja, Victoria (74), también son arrendatarios de una pequeña habitación, al igual que la mayoría de los 70 adultos mayores que son atendidos en el Centro de Encuentro del Adulto Mayor de Renca (CEAM). Cada mañana ellos llegaban a la sede a tomar desayuno. También almorzaban y tomaban once allí. Su día transcurría entre el dominó, los cantos y los talleres. A Edigio le gustaba ver televisión en la sala común, “había una tele grande, a colores y uno veía televisión calientito”, dice. José, en cambio, prefería leer en la biblioteca.

El 27 de febrero el terremoto se llevó todo esto. La sede del CEAM quedó inhabitable y tuvo que ser trasladada a una provisional que prestó la capilla San José de Renca. Ha sido medio año en el que los adultos mayores han tenido que pasar sus mañanas en una sede sin vidrios, sin calefacción, sin las tres comidas. Sólo en las mañanas, porque por las tardes no la pueden usar.

El objetivo del CEAM es entregar las herramientas que necesitan los adultos mayores para integrarse de manera plena a la sociedad. Por eso cuenta con un conjunto de profesionales que brinda estimulación cognitiva y física. Hace cinco años José llegó al centro porque el dolor de su pierna izquierda lo estaba consumiendo, le paralizaba desde el tobillo a la ingle y le impedía caminar. Un kinesiólogo del CEAM lo atendió, “me ponía presas [compresas] hasta los tobillos y me hacía hacer bicicletas”. Las sesiones dieron fruto y José sanó, aunque quedó con problemas de equilibrio y por eso debe usar bastón.

Edigio tiene problemas a la vista y era atendido mensualmente en el CEAM, hasta que el terremoto se llevó su tratamiento. El suyo y el de muchos adultos mayores que recibían ayuda médica y terapéutica para enfermedades como la diabetes mellitus, la osteoporosis y diversas parálisis. Los abuelos quedaron sin sus tratamientos porque el centro no puede brindárselos, ya que no tiene la infraestructura necesaria para eso. “Quedamos de brazos cruzados”, cuenta la anfitriona del Hogar de Cristo Ximena Rivera.

El CEAM también perdió muchos de sus muebles. El terremoto se los llevó, “nos significó que ahora no tenemos mobiliario”, dice Ximena. Las cosas que pudieron salvar de la sede, como mesas, sillas e incluso el refrigerador, fueron llevadas a los lugares más devastados. De todos modos, en la sede provisoria no cabían. “Intentamos armar todo un cuento, para tratar de darles lo mejor posible, pero por infraestructura y recursos no se les puede entregar lo mismo”, asegura Ximena. El centro provisorio estaba en muy malas condiciones. Por las ventanas sin vidrios el frío se colaba, así que tuvieron que parchar con diarios, plásticos y scotch. Estas improvisadas ventanas y una estufa que ponen en el centro de la habitación, son las medidas con las que han paleado el crudo invierno.

El gas de la estufa, el hervidor eléctrico, el café, el azúcar, todo lo que necesitan a diario deben cargarlo por la mañana. A las 7:30 llega un furgón a las oficinas de los asistentes sociales de los adultos mayores. Suben una a una las cosas por aproximadamente una hora y se van a la sede provisoria. A las doce del día, el mismo furgón los va a buscar y tienen que volver a cargar las cosas. No sólo el almuerzo y la once se llevó el terremoto, también disminuyó la ayuda alimenticia que daba el CEAM.

Los abuelos recibían una canasta básica a la semana, ahora sólo algunos reciben una al mes. Esto les ha provocado problemas nutricionales a varios, porque la mayoría recibe la pensión mínima, algunos incluso no tienen pensión. La canasta semanal y las tres comidas de la sede eran vitales. Pero los adultos mayores saben arreglárselas. Victoria cocina casi todos los días porotos, son baratos y rinden harto. José está feliz, es lo que más le gusta. Edigio, en cambio, extraña más la comida que recibía en la antigua sede. Echa de menos “el centro, la gente buena, los beneficios con los que contaba”. Tenía un baño, agua caliente y podía bañarse. Hoy usa el de de su vecinos, “Nunca he recibido un mal trato de ellos en estos años, son buenos”, cuenta Edigio.

La “ayuda espiritual, el alimento espiritual”, como lo llama Ximena también se ha visto afectado. Las conversaciones con sicólogos y con asistentes sociales son menos. “Muchos viejos que nunca vi fumar, ahora están fumando”, dice Ximena. Los adultos mayores no tienen lo mismo que antes. El terremoto se llevó muchos de sus beneficios. Pero no se llevó su esperanza, ni menos su espíritu. Como lo demuestra la sonrisa acompañada de arrugas de José y la risa sin dientes de Edigio, cuando escuchan que en octubre la nueva sede estará lista.

Texto: Flor Celeste Guzmán y Macarena Castro
Foto: Óscar Cubillos (cc)

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    Cuático lo que tienen que caminar para llegar ahí. Las micros dejan lejos y además queda en los faldeos del cerro.